
La tortilla, un alimento base en muchas culturas alrededor del mundo, ha evolucionado enormemente más allá de la simple combinación de harina y agua. La utilización de masa fermentada, un proceso ancestral, añade complejidad de sabor y textura, resultando en productos increíblemente diversos. La fermentación no solo mejora la digestibilidad, sino que también libera nutrientes y aporta notas ácidas y complejas que enriquecen la experiencia culinaria.
Explorar las tortillas internacionales con masa fermentada es adentrarse en un viaje gastronómico que revela la adaptación de técnicas y la creatividad culinaria de diferentes regiones. Desde las crepes francesas hasta las injeras etíopes, cada cultura ha desarrollado un método único para transformar granos y harinas en esta versátil forma de pan plano. Comprender las diferencias en ingredientes, procesos y utensilios utilizados es clave para apreciar la riqueza de esta tradición alimentaria.
Tortillas Libanesas (Man’ouche)
La Man’ouche, una tortilla plana libanesa, es conocida por su base de masa fermentada de harina de trigo, agua, levadura y a veces yogur. La levadura es crucial para que la masa desarrolle elasticidad y un sabor ligeramente ácido. Traditionally, se extiende una capa de za’atar (una mezcla de especias con sumac, sésamo y tomillo) sobre la masa antes de hornearla, dando como resultado un desayuno rápido y delicioso.
La técnica de fermentación para el Man’ouche no es tan prolongada como en otras culturas, enfocándose más en un levado moderado para conseguir una textura suave y elástica. La clave está en la temperatura ambiente, que influye directamente en la velocidad de la fermentación y el desarrollo del sabor. Una vez amasada, la masa se deja reposar, cubriéndola para evitar que se seque.
La cocción de la Man’ouche se realiza tradicionalmente en un horno de leña, donde el calor intenso le confiere una corteza crujiente y un interior suave y esponjoso. En casa, se puede utilizar un horno convencional precalentado a alta temperatura para obtener resultados similares, aunque el sabor ahumado característico del horno de leña puede ser difícil de replicar.
Injera Etíope
La injera, fundamental en la cocina etíope y eritrea, se elabora a partir de teff, un grano sin gluten nativo de la región. La fermentación es la clave del proceso, ya que el teff se deja fermentar durante varios días, creando una masa ligera y esponjosa. Este proceso no solamente mejora el sabor sino que también hace el teff más digestible.
El proceso de fermentación de la injera es peculiar; no se utiliza levadura comercial. Se basa en las bacterias y levaduras presentes de forma natural en el teff y en el ambiente. Esto requiere un control preciso de la temperatura y la higiene para evitar contaminaciones. A menudo, una pequeña cantidad de injera fermentada del día anterior se agrega a la nueva masa para acelerar el proceso y garantizar la consistencia del sabor.
La cocción de la injera se realiza en un ‘mitad’, una placa de cocción circular de barro. La masa fermentada se vierte en espiral sobre la mitad caliente y se cocina hasta que forme una textura porosa, parecida a una esponja. El resultado es una tortilla flexible y ligeramente agria que sirve tanto como plato como utensilio para comer, absorbiendo los ricos estofados y salsas de la cocina etíope. La textura final es lo que define una buena injera.
Crepes Francesas
Las crepes, aunque a veces se asocian con una masa rápida, pueden beneficiarse enormemente de una fermentación lenta. El uso de un starter, llamado «levain» en francés, similar a la masa madre, aporta un sabor sutilmente ácido y una textura más ligera y elástica a las crepes. La masa madre es el alma de muchas recetas tradicionales francesas.
La fermentación de las crepes con masa madre requiere paciencia, ya que el levain necesita ser alimentado regularmente para mantener su actividad. Esta fermentación previene la formación de gluten, resultando en una textura más delicada. El tiempo de reposo de la masa permite que el gluten se relaje y se desarrolle el sabor, creando crepes más sabrosas y fáciles de manejar.
A diferencia de otras tortillas, las crepes se cocinan en una sartén específica para crepes, llamada ‘crêpière’. La sartén se engrasa ligeramente y se calienta a fuego medio. Se vierte una pequeña cantidad de masa en la sartén caliente y se extiende rápidamente con un utensilio especial. La cocción es rápida, alrededor de uno o dos minutos por cada lado, resultando en una tortilla delgada y dorada. La práctica es crucial para dominar la técnica.
Tortillas de Maíz Mexicanas (Nixtamal)

Aunque comúnmente se preparan con harina, las tortillas de maíz tradicionales mexicanas se elaboran a partir de maíz nixtamalizado, un proceso ancestral que implica cocinar los granos de maíz en agua con cal. Este proceso libera los nutrientes del maíz y ablanda el grano, facilitando la molienda. La nixtamalización es esencial para obtener la masa de tortilla tradicional.
El siguiente paso es la fermentación de la masa de nixtamal. Aunque no siempre se realiza, un período corto de fermentación (unas horas) puede mejorar la digestibilidad y el sabor de las tortillas. La fermentación permite que las enzimas presentes en el maíz descompongan aún más las estructuras celulares, haciendo que la masa sea más suave y fácil de trabajar. La duración de la fermentación varía según la temperatura y la humedad.
Después de la fermentación, la masa se muele hasta obtener una consistencia suave y maleable. Se forman pequeñas bolitas de masa que se prensan en discos delgados utilizando un ‘tortilladora’ o a mano. Las tortillas se cocinan en un ‘comal’, una plancha de metal caliente, hasta que estén ligeramente doradas y se inflen. El uso de un comal en hierro fundido permite una distribución uniforme del calor.
Dosa India del Sur
La dosa es una fina tortilla crujiente originaria del sur de la India, elaborada con una masa fermentada a base de arroz y lentejas negras. La fermentación es fundamental para el resultado final, transformando la mezcla en una masa ligera y esponjosa. El proceso puede tardar entre 8 y 24 horas, dependiendo de la temperatura ambiente.
La fermentación de la masa dosa se realiza tradicionalmente en recipientes de piedra o cerámica, lo que contribuye a un sabor más complejo. La relación entre el arroz y las lentejas es crucial para obtener la textura deseada, y la calidad de los ingredientes influye en el sabor final. Se añade una pizca de almidón y fenogreco para mejorar la consistencia de la masa.
La cocción de la dosa se realiza en una sartén de hierro fundido caliente. La masa se extiende en círculos finos y se rocía con aceite o ghee (mantequilla clarificada). A medida que se cocina, la dosa se vuelve crujiente y dorada. Se suele servir con sambar (un estofado de lentejas y verduras) y chutney (una salsa de coco o tomate). El contraste entre el crujido de la dosa y la suavidad del sambar es delicioso.
Conclusión
La exploración de las tortillas internacionales con masa fermentada revela una rica diversidad de técnicas y sabores. Desde los métodos ancestrales de fermentación en el sur de la India y Etiopía hasta las adaptaciones modernas en Francia y el Líbano, cada cultura ha perfeccionado su propio enfoque para crear estas versátiles formas de pan plano. La innovación y la adaptación son claves en la tradición culinaria.
En definitiva, la fermentación no es simplemente una técnica de conservación; es un proceso transformador que enriquece el sabor, la textura y el valor nutricional de las tortillas. Al comprender las bases de la fermentación y las particularidades de cada receta, los cocineros pueden experimentar y crear sus propias variaciones, honrando la tradición al tiempo que abrazan la experimentación.