Saltar al contenido

Qué recetas similares existen en diferentes países latinoamericanos

27/01/2026
Sabores latinoamericanos vibrantes en mercados alegres

La sencilla combinación de tortillas de harina de trigo, azúcar y canela es un postre popular en México, especialmente como una golosina para los niños o un recuerdo nostálgico de la infancia. Su preparación es sumamente rápida y económica, convirtiéndola en una opción ideal para un antojo dulce o una merienda improvisada. Sin embargo, esta idea de utilizar una base de harina plana y sencilla para crear un dulce con azúcar y especias no es exclusiva de México; a lo largo de Latinoamérica existen diversas variaciones y recetas similares que exploran la misma lógica, demostrando una rica tradición culinaria compartida.

En este artículo, exploraremos algunas de estas recetas, analizando cómo diferentes países han adaptado y transformado la idea básica de las tortillas con azúcar y canela, utilizando distintos tipos de harina, especias y, en algunos casos, incluso otros ingredientes para crear postres únicos y deliciosos. Buscaremos puntos en común y diferencias que revelen la diversidad culinaria de la región, así como la influencia de ingredientes locales y tradiciones ancestrales. Entenderemos cómo un postre aparentemente simple puede, en realidad, contar historias de cultura e identidad.

Argentina: Sopaipillas Pasadas

Las sopaipillas pasadas argentinas son un ejemplo claro de esta tradición. Aunque la sopaipilla en sí misma puede consumirse salada, su versión endulzada, conocida como «pasadas», es muy apreciada. Se elaboran a partir de una masa de calabaza, lo que les confiere una textura suave y un color anaranjado característico.

Una vez fritas hasta dorarse, se sumergen en un almíbar espeso hecho con azúcar, canela, y a veces, ralladura de limón o naranja. Esta inmersión en almíbar es crucial: la sopaipilla absorbe el líquido, quedando impregnada de dulzor y aroma. El resultado es un postre crujiente por fuera y esponjoso por dentro.

Las sopaipillas pasadas suelen consumirse durante celebraciones como el Carnaval, o simplemente como un capricho en días fríos. Son una parte integral de la gastronomía argentina y un claro reflejo de la habilidad para transformar ingredientes sencillos en delicias memorable.

Chile: Sopaipillas

En Chile, las sopaipillas son una tradición aún más arraigada que en Argentina, aunque la preparación y el consumo varían. Al igual que sus contrapartes argentinas, se hacen con una base de masa, generalmente a base de harina de trigo y puré de calabaza. Sin embargo, la textura chilena es más densa y menos esponjosa.

Tradicionalmente, se fríen en aceite y se sirven con pebre (una salsa picante de tomate y cebolla) o con chancaca (una especie de melaza de caña de azúcar). La versión dulce se acompaña de chancaca derretida o, en algunos casos, se espolvorea con azúcar y canela, aunque esta última es menos común que en México.

El consumo de sopaipillas en Chile especialmente durante el invierno, está estrechamente ligado a la lluvia y al clima frío, siendo una comida reconfortante y popular en los puestos callejeros y las ferias locales.

Perú: Picarones

Los picarones peruanos son quizás la adaptación más distintiva de la idea de una masa frita endulzada en la región. Aunque su forma es diferente, semejante a un aro o rosquilla, comparten la esencia de las tortillas con azúcar y canela: una masa frita cubierta de dulzura. La masa se elabora a partir de camote (boniato) y zapallo (calabaza), lo que le proporciona un sabor y una textura particular.

Lo más característico de los picarones es la chancaca, un almíbar espeso hecho con melaza de caña de azúcar, especias y a veces, frutas. Se vierten sobre los picarones recién fritos, creando una cobertura brillante y sabrosa.

Los picarones son un postre emblemático del Perú, con profundas raíces en la cultura prehispánica y colonial. Son un símbolo de la gastronomía peruana y se disfrutan especialmente durante las festividades religiosas y las celebraciones patrias.

Colombia: Alejares

Mercado tropical, colores vivos y tradición

Los alejares, oriundos de la región andina de Colombia, son una especie de galleta o torta frita que se asemeja a una tortilla gruesa y plana, similar en concepto a las versiones mexicanas. Su principal ingrediente es la fécula de yuca, lo que le confiere una textura peculiarmente masticable y suave.

Se endulzan con panela (azúcar de caña sin refinar) y se aromatizan con anís, lo que les otorga un sabor distintivo y ligeramente anisado. A diferencia de las recetas anteriores, los alejares no se sumergen en almíbar, sino que se espolvorean con panela rallada una vez fritos, creando una capa crujiente y dulce.

Los alejares son un postre tradicional colombiano que se consume comúnmente durante las fiestas de San Juan y San Pedro, y son un ejemplo de la ingeniosa adaptación de ingredientes locales para crear delicias dulces.

Ecuador: Maduritos

Los maduritos ecuatorianos son una preparación sencilla y deliciosa que напомнить las tortillas con azúcar y canela. Se elaboran con plátano maduro machacado y harina de trigo, formando una masa que se fríe hasta dorarse. La textura resultante es suave por dentro y crujiente por fuera.

Una vez fritos, se espolvorean generosamente con azúcar y canela, o se sumergen en un almíbar ligero de azúcar y agua. A veces, se les añade un poco de queso fresco rallado para darles un toque salado y contraste de sabores.

Los maduritos son una opción popular para el desayuno o la merienda en Ecuador, y son un ejemplo de cómo el plátano maduro puede transformarse en un postre reconfortante y fácil de preparar.

Conclusión

A través de este recorrido por Latinoamérica, hemos podido observar cómo la idea básica de combinar una base de harina (o almidón) frita con azúcar y canela se manifiesta en distintas formas y sabores en cada país. Desde las sopaipillas argentinas y chilenas, hasta los picarones peruanos, los alejares colombianos y los maduritos ecuatorianos, cada receta refleja la creatividad culinaria y la adaptación a ingredientes locales.

Esta diversidad de postres demuestra que, más allá de las fronteras geográficas, existe un hilo conductor en la tradición culinaria latinoamericana: la capacidad de transformar ingredientes sencillos en delicias que evocan recuerdos, celebraciones y un profundo sentido de pertenencia. La simple tortilla con azúcar y canela, en sus múltiples variaciones, se convierte así en una celebración de la identidad y la riqueza gastronómica de la región.